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La porciúncula: una sopa que alimenta el cuerpo y alma



Cada 2 de agosto, miles de limeños hacen cola fuera del Convento de los Descalzos, en el Rímac, para alimentar el cuerpo y el alma con la porciúncula: una generosa sopa para obtener y conmemorar la gracia del perdón. La receta ha pasado de hermano a hermano de la Orden Franciscana quienes –con la ayuda de fieles voluntarios- la preparan y reparten gratuitamente para celebrar el Día de la Indulgencia de la Porciúncula o la Fiesta del Perdón.

La solidaridad, el perdón, la caridad y la unión –valores que practicó San Francisco de Asís- forman parte del mensaje de la festividad. Los curas franciscanos fortalecen el cuerpo y alma con la fe, más un buen puchero, de los más de 3.000 asistentes entre niños, adultos mayores y en condición de pobreza.

Desde la madrugada, alrededor de una centena de sacerdotes y voluntarios se dirigen a la parte posterior del convento para cocinar y cuidar de la abrigadora sopa que preparan en gigantescas ollas. Los principales ingredientes son pollo, carne de res, papa y demás verduras -donados por instituciones y personas de buena voluntad- con un aderezo a base de ajos, ají colorado, pimienta, comino, cerveza y vino. Pasado el mediodía y  terminada la misa, es el momento que todos esperaban: la repartición

La distribución del reconfortante puchero forma parte de la tradición del Día de la Indulgencia de la Porciúncula en recuerdo al pedido de San Francisco de Asís por la salvación del prójimo. En el año 1216 –cuenta la tradición- Cristo y la Virgen María se le aparecieron al santo en la Porciúncula, la capilla dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles (Italia). San Francisco pidió al Señor que le diese una indulgencia a todo el que –contrito y confesado- visitase la Porciúncula lo que fue concedido por el Papa Honorio III. Así, cada 2 de agosto se rememora la fecha en el Convento de los Descalzos con una tradición que hermana a todos los involucrados.