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La rica Vicky

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Los huariques, las cebicherías y carretillas le dan sabor a La Victoria desde hace décadas. Son vecinos tanto el maestro Javier Wong como La Buena Muerte de la familia Kunigami. Y en los dos hay que sentarse a la mesa. El domingo, para el desayuno, a darse una vuelta por el mercado Palermo: jugos, pan con chicharrón, donde los agachaditos… hay para elegir. Y de yapa consigues una pela para el regreso a casa. Tras su remodelación, se han buscado incentivar las actividades artísticas en la Plaza Manco Cápac. Veamos con qué nos encontramos. Gamarra y Alianza Lima también son La Victoria. Este es un distrito de moda y los goles aliancistas se viven con más pasión. Al final del día, podrá tener una fama de zona picante pero también de sabrosa.

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    • Palermo

    Arrancamos la ruta con unos sánguches bien peruanos y con más de 40 años de tradición. El primer local de Palermo, en Balconcillo, ofrece su popular butifarra de jamón del país y chicharrones que, a diferencia de sus otros locales, no acompañan con camote. Es una regla de la casa ya conocida por los victorianos y que se respeta. No hay mesas, solo una barra para comer codo a codo con otros clientes que han ido en busca de un sánguche de asado o de pollo acompañado de una chicha helada -¡con este calor!- o un café en invierno.

     

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    • Huancahuasi

    Otra opción para la mañana la tenemos en los contundentes desayunos serranos de Huancahuasi que incluyen: tamalito, caldo de gallina, chicharrón y trucha frita (por verano). En esta casa de piedra, traducción de su nombre en quechua, nos podemos quedar a almorzar para disfrutar de sus más de 80 platos de diferentes zonas andinas. En sus mesas, decoradas por coloridas mantas, sirven una típica pachamanca de Huancayo (ciudad natal de los dueños), platillos a base de cuyes y sopas como la patasca. Ojo: siempre destacarán los insumos andinos. Desde los platos hasta los jugos y postres.

     

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    • Huanchaco

    Continuamos con la rica sazón norteña. Las familias Hatada y Morita, descendientes de japoneses, llegaron a Trujillo donde aprendieron los secretos de su cocina. En los ochentas, abrieron Huanchaco reconocido por su cabrito de leche acompañado con frejoles y su cangrejo reventado. Hoy, los hijos de la pareja manejan el local: Cecilia en la cocina y Víctor en la administración. Lo ideal, con la mayoría de los platos, es pedir una media porción para seguir probando el resto de la carta. Recomendación: vaya los lunes por un clásico tazón de shámbar.

     

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    • Lobo de mar Otani – Pescados y mariscos

    Ahora nos damos el salto al mundo de los pescados y mariscos. Comenzamos con el menor de la dinastía Otani: Luis. Después de ser preparador físico de la selección de fútbol (México 86 e Italia 90), siguió los pasos de sus hermanos y se dedicó a la cocina. De mente inquieta, se ha dedicado a inventar platos hasta tener cerca de 100 en su carta. Prueba de ello son su chicharrón de pescado en salsa de curry o el yakisoba que, a diferencia del original japonés, acompaña con pescado o mariscos, a pedido del público. Si no está en la cocina, encontraremos a Luis Otani en el salón saludando a sus viejos amigos, es decir, sus clientes.

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    • La buena muerte

    La tradición de Minoru Kunigami, uno de los fundadores de la cocina nikkei, viajó de Barrios Altos a La Victoria donde se abrió el segundo local. ¿Qué diferencia a ambos? Acá encontramos unos 30 platos adicionales. Entre los más pedidos, tiene para elegir entre un cebiche criollo y uno nikkei (si le gusta el ají pida el primero), un enrollado de pescado o kamaboko (especialidad de la casa) o un tacu tacu con salsa de mariscos.

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    • Chez Wong

    Javier Wong no guarda secretos. Luciendo una boina y chaquetilla blanca, este cocinero de culto prepara sus platos a la vista del comensal. Eso sí, en su casa se siguen sus reglas. No hay carta, él decide qué servirá ese día. Hasta La Victoria han llegado chefs ganadores de estrellas Michelin en busca de su afamado cebiche de lenguado, reconocido como el mejor del mundo por el diario inglés “The Guardian”. Qué bueno que nosotros no debemos de recorrer cientos de kilómetros para probarlo.

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    • Yuquitas Palermo

    Terminado el almuerzo vamos por un postre. ¿A dónde? Con la reina de las yuquitas fritas. En cualquier esquina de Balconcillo apuntarán al mercado y allí encontrará a Segundina Dávalos. La apurimeña aprendió la receta de su suegro Dionisio y, ahora, con sus hijos prepara estas dulces y crocantes yuquitas. Le aconsejamos ir antes del mediodía o por la tarde porque al almuerzo se pueden formar colas. La unidad se vende a S/.0.20 desde los años noventa y un día regular salen hasta 1.500 unidades. Imperdible.

     

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    • El Italiano

    Nos despedimos de La Victoria con una cena romántica a la italiana. Giuseppe Natalini empezó con un pequeño restaurante, sirviendo solo pizzas, pero pronto creció. De su experiencia como cocinero en Roma, el italiano expandió su carta a las pastas (las salsas se preparan en el restaurante) y carnes (como conejo y ossobuco). Todos los días lo encontrará supervisando la cocina del restaurante o sentado en una de las mesas. Cuando juega el equipo de Roma está prohibido de cambiar el canal de televisión, no importa qué suceda. ¡Forza!

     

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