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Mi querido viejo, tres homenajes en su día

En el Día del Padre, Félix Yong (El Chinito), Alejandro Acuña (Lima Sabrosa) y Henry Fernández (ferias agropecuarias) compartieron sus recuerdos como hijos y padres. Conversamos con ellos acerca de las enseñanzas paternas que los formaron y los anhelos para sus pequeños.

La filosofía de la familia Yong

Amor a la familia, a los mayores y al trabajo. Estos son los tres pilares de la familia Yong dictados por Félix padre, creador de la emblemática sanguchería El Chinito. “En su conjunción están tu felicidad y equilibrio”, asegura Félix hijo, actual rostro del negocio familiar. Médico cirujano de profesión, Félix se empezó a dedicar en el negocio -al igual que sus hermanos Rosa y Luis- cuando su padre falleció. “Uno de los preceptos de mi padre era preocúpate por lo que es tuyo. El hospital no era mío. En cambio, el negocio sí. Decía: ‘Si te va mal, aprenderás a hacerlo mejor; y si te va bien, tienes que pensar que te vaya mejor’”. Él y sus hermanos pasaron sus primeros años en el local de Zepita practicando sumas y restas en la caja o atendiendo a los comensales. Félix recuerda divertido las vacaciones (de las que nunca disfrutó) dado que llegaba a las 7 a.m., todos los días, con su papá quien abría el negocio. Fue Félix padre, cuyo rostro chino de risa se convirtió en el logo de la sanguchería, quien ideó el popular sánguche de chicharrón, de pavo asado y el de chancho asado que los caracterizan. Además, cambió el nombre de Snack Bar Muelle a El Chinito. Ahora, la tercera generación se prepara para liderar el negocio. Dos sobrinas de Félix administran tres locales; mientras que Diego (hijo menor de Félix) estudia administración y márketing para tomar su lugar. “Cuando acabe sus estudios, espero que aprenda desde abajo. Que sea mozo antes de gerente”. Al igual que los Yong que le precedieron.

Padre e hijo, los socios de Lima Sabrosa

Guille tiene 7 meses y acaba de salirle su primer diente. La semana pasada, sus padres Alejandro y Natalia le dieron a probar su primera papilla. Prefiere las de papa y de camote. Como buen padre primerizo, Alejandro demuestra su entusiasmo y celebra cada uno de sus pequeños logros. “Todo lo que hace es increíble”, dice acompañado por toda su familia en un evento al que asistió con su food truck Lima Sabrosa. No muy lejos de él se encuentran su padre y su madre. Él abogado, ella artista plástica. Opuestos totales que le dieron a Alejandro Acuña lo mejor de cada uno. Lo mismo quiere transmitirle a Guille. Además, le gustaría que herede la honestidad que siempre ha caracterizado a su padre Guillermo. Al inicio, le costó un poco aceptar lo que significaba la cocina para su hijo; pero desde luego se convirtió en su mayor apoyo. “Ahora los tres somos socios: mi papá, mi esposa y yo”, recalca. Desde que nació Guille su vida (y la de Natalia) gira alrededor de él. “Simplemente, es un chip que cambió -no fue una obligación- y nos encanta. Pienso cómo podríamos viajar con él, estamos viendo el menú que le voy a preparar. Es un reto, sobre todo iniciando una familia, pero nos damos tiempo”, comenta. En los últimos tiempos, a Lima Sabrosa (al igual que otros food truck) la convocan para eventos privados: en colegios, matrimonios, conciertos; fuera de su paso por algunos parques de Lima o ferias. Cuando se trate de eventos familiares, ahí estarán con un alegre Guille cuya primera salida fue, al mes y medio, en un festival a beneficio de los damnificados de Cantagallo.

Guardianes de las papas nativas

El cultivo de papas es toda una tradición para la familia de Victoriano Fernández. Comenzó con sus abuelos, luego sus padres y ahora son él y sus hijos quienes cosechan papa nativa en su chacra en Huánuco. “Inculco la labor a mis hijos (de 9 y 7 años) para que ellos también sigan nuestro legado”, comparte orgulloso Henry, hijo mayor de Victoriano. En la actualidad, siembran unas 500 variedades de papa nativa, junto con olluco y oca. Sin pesticidas y dejando reposar la tierra, tal cual le enseñaron sus padres a Victoriano. A fines de la década del 70, empezó a cosechar sus propias papas, con su esposa, para comercializarlas. Intercambió semillas con otros agricultores y sumó nuevas variedades a su chacra. Así se convirtió en un conservacionista y presidente de la Asociación Nacional de Productores de Papa del Perú (Appapa). Para Henry, los logros y recompensas de su padre son el mayor ejemplo para su familia. En su puesto en la feria agropecuaria de la Av. Brasil, su misión es transmitir a los visitantes sus conocimientos acerca de los valiosos tubérculos. Durante el año, puede producir hasta 30 papas solo para conservar, pero también deben producir papa amarilla y blanca para comercializar. La familia Fernández siembra dos papas exclusivamente para su mesa: la raihuana (de sabor y olor a rosa) y la caramarquina (con sabor a yuca). “Son para nosotros, no las vendemos. Se consumen en reuniones y celebraciones”, explica Henry. Él y una de sus hermanas, ingeniera agrónoma, apoyan a su padre. “Jamás nadie me podrá alejar de la tierra”, dijo una vez don Victoriano. Por ello sus hijos se unen para fortalecer su trabajo. “Buscamos ayudarlo. Mi padre es un ejemplo de fortaleza, humildad y nos inculcó a no dejar que se acabe este tesoro que tenemos”, dice Henry. Una herencia y tradición que respetan.

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